Paneles fotovoltaicos buscando el sur a una inclinación de 18 grados para maximizar captación de energía solar. Al fondo Adjuntas urbano. Twitter Casa Pueblo, @casapuebloorg

Si algo conocemos bien ahora en Puerto Rico es la importancia integral de nuestro sistema energético. Las lecciones tras el Huracán María siguen llegando pero, lamentablemente, por su obsolescencia. Ni siquiera aquellos que ya tienen electricidad o que nunca la perdieron por operar con energía solar, están exentos de los sufrimientos directos e indirectos. La Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) tiene un historial nefasto de corrupción con una cultura de dependencia a combustibles fósiles. Los atropellos de poder sobre una población secuestrada por su modelo de servicio nunca han faltado, como ocurrió con la sobrefacturación a personas que no tuvieron luz durante meses. La ausencia de electricidad se traduce en inseguridad, en desempleo, en problemas de salud, muertes y expulsión de gente hacia Estados Unidos. Con una población agobiada y en sufrimiento, muchos recibieron el anuncio gubernamental de privatizar el sistema eléctrico del País como el paso lógico de avance. Pero, ¿por qué debe preocuparnos el anuncio de la privatización de la AEE?

Por un lado, nos han vendido que su fracaso radica en la naturaleza pública del sistema y los desmadres de su mal manejo por intervención partidista. Pero, tras María, tanto los servicios públicos como las comunicaciones en manos privadas le fallaron al País. A una la enjuician mientras a la otra ‘la comprenden’. Lo que no se dice es que la AEE pasó de sus días gloriosos y de orgullo nacional a una trayectoria en picada tras privatizar el 30% de su generación energética a mediados de los años noventa. La privatización no es nueva. Esa ruta decadente se ha sostenido. La intromisión privada en la AEE ha dictado en gran medida la agenda de contratos y nuevos proyectos que triplicaron la deuda pública mientras que la imposición de medidas de austeridad ha diezmado su capacidad de cumplir con su misión pública.

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